Los espacios de la feria por San Mateo en Villamartín.
Una tradición con más de dos siglos de historia.
La
Feria de septiembre por San Mateo forma parte de la memoria colectiva de
Villamartín desde hace siglos. Mucho antes de las atracciones, las casetas o
los espectáculos actuales, la feria era un acontecimiento esencial para la
economía local y comarcal, un punto de encuentro donde comerciantes, vecinos y
visitantes intercambiaban mercancías, noticias y relaciones sociales.
Un documento conservado en las actas municipales, correspondiente al cabildo celebrado el 23 de agosto de 1767, nos permite asomarnos a cómo se organizaba esta importante cita anual. En él se recoge que la feria tenía lugar cada año el 21 de septiembre, fecha vinculada por el azar a la festividad de San Mateo, y que ya entonces era considerada una costumbre plenamente consolidada en la villa.

El
texto destaca un aspecto muy interesante: los espacios donde se instalaban las
tiendas y puestos de venta en la plaza eran propiedad del municipio. Estos
lugares se arrendaban anualmente a los mercaderes que acudían a la feria para
vender sus productos. El procedimiento estaba regulado por las disposiciones
vigentes y suponía, además, una fuente de ingresos para las arcas municipales.
Para
garantizar el mejor aprovechamiento de estos emplazamientos, el Ayuntamiento
acordaba sacar los sitios a pregón público, de modo que fueran adjudicados a
quienes ofrecieran mejores condiciones económicas. También se cuidaba la
distribución del espacio para que los comerciantes pudieran montar sus tiendas
con comodidad y para acoger adecuadamente a la numerosa concurrencia que
asistía cada año a la feria.
Este
documento nos muestra una feria muy diferente en su apariencia a la actual,
pero similar en su esencia. Ya en el siglo XVIII, la Feria por San Mateo era un
acontecimiento esperado, capaz de atraer a vendedores y visitantes de distintos
lugares. La organización de los puestos, la gestión de los espacios públicos y
la actividad comercial constituían elementos fundamentales de una celebración
que contribuía al dinamismo económico de Villamartín.
Más
de doscientos cincuenta años después, aquellas decisiones tomadas en el cabildo
de 1767 nos recuerdan que la feria no solo era una fiesta, sino también una
institución económica y social de gran importancia para la localidad. Tras cada
puesto, cada tenderete y cada rincón del recinto ferial se esconde una historia
de tradición, organización municipal y vida cotidiana que forma parte del
patrimonio histórico de Villamartín.
Fuente
histórica: Cabildo
de 23 de agosto de 1767.
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