La Virgen del Buen Fin de la Casa de los Topete.
El gran tesoro oculto de Villamartín.
Pocas
personas saben que, durante siglos, Villamartín custodió una de las obras de
arte más extraordinarias del siglo XV andaluz. Oculta entre los muros
señoriales de la histórica Casa de los Topete, una imagen mariana sobrevivió al
paso del tiempo, a los cambios de propietarios y al silencio de la historia. Se
trata de la Virgen del Buen Fin, una magnífica escultura atribuida al maestro Lorenzo
Mercadante de Bretaña, uno de los escultores más importantes de la Sevilla
tardomedieval.
La
antigua Casa-Palacio de los Topete, situada en la calle San Francisco, ha sido
durante generaciones uno de los edificios más singulares de Villamartín. Tras
su noble portada, sus escudos heráldicos y sus patios señoriales, la vivienda
conservó durante siglos una imagen que hoy es considerada una auténtica joya
del patrimonio artístico andaluz.
Aquella escultura era conocida por la familia propietaria, pero permaneció prácticamente fuera de los círculos académicos hasta finales del siglo XX. Cuando los especialistas comenzaron a estudiarla con detenimiento, descubrieron que no estaban ante una simple imagen devocional, sino posiblemente ante una obra salida de las manos de Lorenzo Mercadante de Bretaña.
Para
comprender la importancia de la Virgen del Buen Fin es necesario conocer a su
posible autor. Lorenzo
Mercadante de Bretaña fue un escultor francés establecido en Sevilla en el
siglo XV, donde trabajó para la Catedral hispalense y dejó algunas de las
mejores obras de la escultura gótica andaluza. Especializado en el modelado de
barro cocido, revolucionó el arte de su tiempo con figuras llenas de
naturalismo, elegancia y humanidad.
Sus
imágenes marianas son escasas y muy valoradas por los historiadores. Por ello,
la atribución de la Virgen del Buen Fin convierte a esta pieza vinculada a
Villamartín en una obra de extraordinaria relevancia dentro del patrimonio
artístico de Andalucía.
Los
estudios realizados sitúan la ejecución de la imagen en torno a la década de
1460, cuando Mercadante desarrollaba algunas de sus obras más destacadas.
Estamos, por tanto, ante una escultura creada hace más de quinientos cincuenta
años.
La
imagen fue modelada en terracota o barro cocido, un material que el escultor
dominaba con extraordinaria maestría. Durante los trabajos de conservación y
estudio aparecieron vestigios de su policromía original: tonos azules en el
manto de la Virgen, colores jacinto en las vestiduras y detalles dorados y
azules en la figura del Niño Jesús.
Los
expertos destacan la delicadeza de sus rasgos, la suave sonrisa de la Virgen,
la armonía de los pliegues y la refinada ejecución técnica que caracteriza las
mejores obras del maestro francés.
A
pesar de las investigaciones realizadas, sigue existiendo una pregunta sin
respuesta definitiva: ¿cómo terminó una obra de semejante importancia en una
casa particular de Villamartín?
La
documentación conocida indica que la imagen llevaba siglos vinculada a la
familia propietaria de la casa. En el nicho donde estuvo colocada aparecía una
inscripción fechada en 1769, dato que ha sido relacionado tradicionalmente con
su presencia en el edificio o con algún acontecimiento significativo de su
historia dentro del inmueble.
Los
investigadores consideran que una escultura de esta calidad debió de ser
concebida originalmente para un espacio religioso destacado, quizá una iglesia
o una capilla de relevancia. Sin embargo, los documentos conservados no
permiten conocer con exactitud el recorrido que siguió hasta llegar a la Casa
de los Topete.
Ese
enigma añade todavía más atractivo a la historia de la Virgen del Buen Fin,
convertida en una de las grandes incógnitas del patrimonio histórico de la
Sierra de Cádiz.
Durante
buena parte de su existencia, la imagen permaneció prácticamente desconocida
fuera del ámbito local. Sin embargo, diversos estudios publicados desde finales
del siglo XX llamaron la atención de los especialistas sobre la excepcional calidad
de la obra.
Entre
los investigadores que profundizaron en su estudio destaca Teresa
Laguna Paúl, reconocida especialista en la obra de Mercadante, quien situó
la Virgen del Buen Fin dentro del reducido grupo de esculturas marianas
atribuibles al maestro franco-bretón.
Gracias a estas investigaciones,
la pieza dejó de ser un tesoro prácticamente desconocido para ocupar un lugar
destacado en la historiografía artística andaluza.
La
historia de la Virgen del Buen Fin vivió un nuevo capítulo cuando la obra
apareció en una subasta celebrada en Sevilla en 2019. El catálogo identificaba
expresamente su procedencia de la Casa-Palacio de los Topete de Villamartín, lo
que despertó el interés de historiadores, coleccionistas y defensores del
patrimonio cultural.
Para
muchos villamartinenses supuso descubrir que una de las obras de arte más
importantes relacionadas con la localidad había permanecido durante
generaciones en una vivienda señorial del municipio.
La
Virgen del Buen Fin no es solamente una magnífica escultura del siglo XV. Es
también un fragmento de la memoria histórica de Villamartín. Durante siglos
estuvo ligada a una de las casas más emblemáticas de la localidad y formó parte
silenciosa de la vida cotidiana de quienes habitaron aquellos salones y
escaleras.
Hoy,
su historia nos recuerda que el patrimonio artístico no siempre se encuentra en
grandes museos o catedrales. A veces permanece oculto durante generaciones en
rincones inesperados, aguardando el momento en que alguien vuelva a
descubrirlo.
Y
pocas historias representan mejor esa realidad que la de la Virgen del Buen
Fin: una obra maestra nacida en la Sevilla del siglo XV, custodiada durante
siglos en la Casa de los Topete y convertida, por derecho propio, en uno de los
tesoros más fascinantes vinculados a la historia de Villamartín.
Fuentes y bibliografía
- Jennings, Nicola y Laguna Paúl, Teresa
(eds.) (2016). Lorenzo Mercadante de Bretaña: Virgen del Buen Fin.
Madrid-Londres: Coll & Cortés.
- Laguna Paúl, Teresa (2016). «The Virgen del
Buen Fin in the context of the sculptural oeuvre of Lorenzo Mercadante de
Bretaña», en Lorenzo Mercadante de Bretaña: Virgen del Buen Fin,
pp. 46-79.
- Catálogo de Isbilya Subastas, Sevilla, 18 de
diciembre de 2019, lote correspondiente a la Virgen del Buen Fin, donde se
recoge la procedencia de la imagen de la Casa-Palacio de los Topete de
Villamartín y su atribución a Lorenzo Mercadante de Bretaña.
- Estudios sobre la escultura gótica sevillana del siglo XV y la producción artística de Lorenzo Mercadante de Bretaña, escultor documentado en la Catedral de Sevilla entre 1454 y 1468.
- Documentación histórica de la Casa-Palacio de los Topete (Villamartín), conservada en publicaciones sobre patrimonio histórico y arquitectura señorial de la Sierra de Cádiz.
- Inventarios y estudios sobre patrimonio
artístico de Villamartín y del antiguo Reino de Sevilla.
Nota del autor: La
Virgen del Buen Fin, conservada durante siglos en la Casa-Palacio de los Topete
de Villamartín, es considerada por la historiografía reciente una de las obras
más destacadas atribuidas a Lorenzo Mercadante de Bretaña. Aunque diversas
publicaciones posteriores señalan que la escultura fue dada a conocer
académicamente en 1997, la referencia bibliográfica completa de aquella primera
publicación no ha podido ser verificada de forma concluyente en esta
investigación. Por ello, las referencias fundamentales utilizadas en este
artículo son las actualmente identificadas y contrastadas. La investigación
sobre su origen, autoría y trayectoria continúa abierta, por lo que futuras
aportaciones documentales podrían arrojar nueva luz sobre una obra que, durante
siglos, permaneció custodiada entre los muros de la histórica Casa de los
Topete.
