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30 septiembre 2026

 CIEN AÑOS DE PAPEL Y MEMORIA

La Revista de Feria de Villamartín (1926–2026)

 

          Villamartín celebra este año un aniversario que merece detener el paso: los cien años de la primera Revista de Feria, aparecida en 1926, cuando la villa comenzaba a mirar el siglo XX con una mezcla de tradición, orgullo y modernidad. Aquella primera publicación no fue un gesto aislado ni un capricho editorial: fue la respuesta natural de un pueblo que llevaba siglos organizando su feria de ganados y su mercado anual, y que necesitaba, por fin, un espacio donde contarse a sí mismo.

          La revista nació como nacen las cosas importantes: sin ruido, sin solemnidad, pero con una vocación que el tiempo se encargó de confirmar. Desde entonces, ha acompañado a generaciones enteras, ha cambiado de nombre, ha cambiado de tono, ha cambiado de diseño… pero nunca ha dejado de ser la voz de Villamartín en septiembre.

          Hoy, un siglo después, merece ser celebrada como lo que es: un documento vivo de nuestra identidad colectiva.

          Los títulos que la revista ha llevado a lo largo de estos cien años son, en sí mismos, un mapa de la evolución de la feria y de la propia conciencia del pueblo. No son simples encabezados: son pistas, huellas, señales de cómo Villamartín ha entendido su feria en cada época.

          Los primeros títulos, repetidos durante décadas, fueron: Feria de ganados (10 veces), Feria y Fiestas (13 veces) y Feria de ganados y Fiestas (5 veces).

          Estos encabezados son reveladores. En ellos aparece la palabra ganados, en plural, que no es un detalle menor. En la documentación histórica de Villamartín —incluyendo las actas capitulares de los siglos XVI y XVII— se habla siempre de ganados, porque la feria era un mercado amplio, variado, donde se vendían reses de todo tipo, además de otras mercaderías.

          La expresión “feria de ganado”, en singular, es más moderna y más genérica. “Ganado” puede referirse a un conjunto indiferenciado; “ganados”, en cambio, señala diversidad, especificidad, abundancia. Por eso, en los títulos antiguos, la forma tradicional es la plural.

          La revista, desde su origen, respetó esa tradición lingüística y económica.

          Es importante subrayar que la palabra “Fiestas” en estos títulos es relativamente moderna. No se refiere a celebraciones antiguas de septiembre, sino a las fiestas de la patrona Santa Ana, que se celebraban el 26 de julio.

          Durante años, las fiestas de Santa Ana fueron las verdaderas fiestas mayores de Villamartín: toros, capeas, bailes, ministriles, procesión solemne y toda la pompa que el cabildo defendía con insistencia —como se ve en las actas de 1606, donde se discute el ornato, la música y la autoridad de la procesión.

          Cuando la revista incorpora “Fiestas” en su título, está recogiendo esa tradición veraniega, no una tradición septembrina. La feria era de ganados; las fiestas eran de Santa Ana.

          Con el tiempo, ambas celebraciones se mezclaron en el imaginario popular y en la revista, pero su origen es distinto.

          Hasta principios de los años setenta, la revista mantuvo una continuidad absoluta con la tradición histórica: la feria era de ganados y las fiestas. Nada más.

          Pero en 1973, la dirección de la revista tomó una decisión que marcaría un antes y un después: incorporar el nombre de San Mateo en el título.

          A partir de ese año, aparecen: Feria de San Mateo (7 veces), Feria y Fiestas – Fiestas de San Mateo (1 vez), Fiestas de San Mateo (5 veces), Feria y Fiestas de San Mateo (4 veces) y Feria de ganado y Fiestas de San Mateo (24 veces).

          La decisión fue editorial, no histórica. La dirección buscaba un título más moderno, más festivo, más identificable para el público de la época. Pero con ello se rompía una tradición de casi cincuenta años de continuidad en la denominación de la revista.

          Y, sobre todo, se introducía un nombre que no pertenece a la identidad religiosa ni cultural de Villamartín.

          ¿Por qué aparece San Mateo en las actas capitulares antiguas? La respuesta está en los documentos que conservamos.

          1. 1589: San Mateo como fecha del mercado.

          En el Cabildo de 18 de septiembre de 1589, se ordena pregonar que quienes quisieran venir a vender ganados y mercaderías lo hagan “el día de San Mateo, que es por veinte y uno de este presente mes de septiembre y los tres días siguientes”.

          La feria comenzaba el 21 de septiembre, día de San Mateo. Por eso se menciona. Nada más.

          2. 1593: el mercado anual “por el día de San Mateo”.

          En el Cabildo de 1593, se vuelve a mencionar el mercado que se hace “por el día de San Mateo de cada un año”.

          De nuevo, la referencia es calendárica, no devocional.

          3. 1602: el mercado de ganado dura tres días.

          En el Cabildo de 8 de septiembre de 1602, se recuerda que en la villa se hace un mercado “por el día de San Mateo de cada un año de ganado que se viene a vender”, que dura tres días.

          San Mateo es, simplemente, la fecha en que empieza la feria.

          No hay hermandad, no hay culto, no hay tradición religiosa vinculada a él. La revista, al incorporar su nombre en 1973, lo hizo por decisión editorial, no por continuidad histórica.

          Las actas capitulares que conservamos son un tesoro. En ellas se ve cómo la feria de ganados era ya, en el siglo XVI, un acontecimiento económico de primer orden.

          A. 1589: atraer vendedores, atraer riqueza.

          El Cabildo de 1589 ordena que se pregone la feria para atraer ganaderos y mercaderes, ofreciendo ventajas fiscales: “...todas las personas que quisieren venir a vender a esta villa ganados y otras mercaderías el día de San Mateo… les llevará solamente a dos (…) de todo lo que vendieren.”

          Y añade algo fundamental: se permite que los ganados pasten libremente por el campo y tino de la villa, guardando dehesas y propiedades, sin pena alguna.

          Villamartín ofrecía comodidad, pastos y baja fiscalidad para atraer vendedores. Una estrategia económica moderna… en 1589.

          B. 1593: control de calidad y regulación del mercado.

          En 1593, el Cabildo nombra a Juan Millán como veedor de los paños y ropa hecha que se vendían en el mercado del día de San Mateo.

          Esto demuestra que la feria no era solo de ganados: había textiles, ropa, mercaderías diversas, y el Consejo regulaba su calidad y su venta.

          C. 1602: ampliación del espacio para el ganado.

          En 1602, se acuerda ampliar la entrada del ganado en los términos de la villa durante los tres días de feria, excepto en el prado de las yeguas, donde se hacía el mercado.

          La feria era tan grande que necesitaba más espacio.

          Cuando en 1926 aparece la primera Revista de Feria, Villamartín llevaba más de tres siglos celebrando su mercado anual. La revista no inventa la feria: la documenta, la organiza, la explica, la celebra.

          Los títulos que adopta en cada época reflejan: la importancia del ganado en los primeros años, la incorporación de las fiestas de Santa Ana como elemento social, la ruptura de 1973 con la entrada de San Mateo y el retorno a títulos más identitarios como “Villamartín” o “Feria de Villamartín”.

          Cada título es una capa de historia. Cada portada es un fragmento de memoria.

          Si la revista ha cumplido cien años, no es solo por su continuidad institucional, ni por la voluntad de las distintas corporaciones municipales que la han impulsado. La verdadera razón de su longevidad está en las personas que han llenado sus páginas, año tras año, con una dedicación que pocas veces se reconoce y que, sin embargo, es el alma misma de la publicación.

          La Revista de Feria de Villamartín ha sido siempre una obra coral. En ella han participado maestros que escribían crónicas con la misma precisión con la que corregían cuadernos, historiadores locales que rescataban documentos olvidados, fotógrafos que congelaban instantes de la feria, vecinos que aportaban recuerdos familiares, jóvenes que se estrenaban con sus primeros textos, aficionados que escribían por puro amor al pueblo y veteranos que repetían cada septiembre como un acto de fidelidad.

          Gracias a ellos, la revista ha podido documentar la vida cotidiana del pueblo, preservar fotografías que hoy son memoria colectiva, recoger testimonios que de otro modo se habrían perdido, narrar la evolución de la feria y de las fiestas, rescatar episodios del pasado que dormían en archivos y cajones, y mantener viva la identidad de Villamartín a través de la palabra escrita.

          Muchos de estos colaboradores no han buscado protagonismo. Han trabajado en silencio, entregando textos, revisando galeradas, aportando datos, corrigiendo fechas, sugiriendo títulos, recuperando fotografías antiguas o simplemente ofreciendo su tiempo. La revista, en realidad, es su obra: una suma de voces que, al unirse, han construido un relato que nunca ha sido de una sola persona, sino de todo un pueblo.

          En ocasiones, la revista ha sido también un espacio de encuentro entre generaciones. Los mayores aportaban memoria; los jóvenes, mirada nueva. Los estudiosos ofrecían rigor; los aficionados, frescura. Y en esa mezcla —tan villamartinense— se ha sostenido la publicación durante un siglo entero.

          Por eso, cuando se hojea una revista antigua, no se está leyendo solo un programa festivo: se está leyendo la escritura colectiva de Villamartín, la que cada año se renueva y se amplía gracias a quienes deciden colaborar. Ellos son los que han convertido cada edición en un pequeño archivo anual, un espejo de lo que el pueblo ha sido y de lo que ha querido dejar escrito.

          La revista no existiría sin ellos. Y este centenario es, también, su centenario.

          Hoy, en 2026, la revista cumple cien años. Cien años de papel, de fotografías, de artículos, de anuncios, de recuerdos. Cien años de contar la feria, de contar el pueblo, de contarnos a nosotros mismos.

          La revista ha sobrevivido a: cambios políticos, cambios sociales, cambios económicos, cambios tecnológicos.

          Ha pasado de la imprenta tradicional al diseño digital, de las fotos en blanco y negro a las portadas a color, de los textos solemnes a los reportajes modernos.

          Pero sigue siendo lo mismo: la crónica anual de Villamartín.

          La feria nació como un mercado de ganados. El pueblo la convirtió en tradición. Las actas capitulares la fijaron en la memoria escrita. Las fiestas de Santa Ana aportaron la alegría, la música y los toros. La revista, desde 1926, la transformó en relato.

          Y aunque en 1973 se rompiera la continuidad del título, aunque San Mateo entrara por decisión editorial y no por historia, la revista siguió cumpliendo su función esencial: ser el hilo que une los siglos, el puente entre la feria antigua y la feria moderna, la voz que cada septiembre recuerda quiénes fuimos, quiénes somos y quiénes seguimos siendo.

          Cien años después, la revista no es solo un programa festivo: es la memoria anual de Villamartín, la que recoge lo que cambia, la que preserva lo que permanece, la que nos permite reconocernos en el tiempo.

          Y mientras haya feria, habrá revista. Y mientras haya revista, Villamartín seguirá contándose a sí mismo.