casa topete

casa topete

01 agosto 2026

Historia nº 59 El arca de tres llaves

                                                                       

                                    El arca de tres llaves

 

          El arca de tres llaves aparece en las actas de Villamartín como un objeto humilde —madera, cerraduras, llaves, manos que la fabrican—, pero en realidad es el corazón administrativo de una época en la que la gestión de lo público se hacía a golpe de notificación, certificación y viajes entre Sevilla y Villamartín. Lo que hoy sería una transferencia bancaria o un asiento contable, en 1512 exigía un arca física, tres llaves distintas y la presencia de contadores, mayordomos y escribanos para garantizar que cada maravedí estuviera donde debía estar.

          El 12 de enero de 1512, Juan de Celada, lugarteniente del escribano mayor del Cabildo, envió una orden precisa a Diego Pérez de Carvajal, mayordomo sevillano: «comprar, en presencia de los contadores, dos cerraduras con sus llaves y los materiales para fabricar un arca de tres llaves para el Concejo de Villamartín». 

          La instrucción revela dos cosas: la importancia del dinero procedente del Campo de Matrera y la obsesión por el control. El arca debía custodiar «todo el dinero que Juan de Jaén, mayordomo del Campo, cobre de la renta del Campo». Tres llaves, tres manos distintas, tres garantías de que nadie pudiera abrirla solo.

          En el mismo documento aparece una anotación: 307 maravedíes, probablemente el coste del arca. Un gasto modesto para un objeto que debía proteger miles.

          Apenas cinco meses después, el 2 de junio de 1512, el Cabildo sevillano ordenó retirar 30.000 maravedíes del arca del Campo de Matrera.

          «… del dinero depositado en el arca del dinero del Campo de Matrera, para que paguen a Francisco de Medina… los dos primeros tercios del año de su salario… »

          El detalle es revelador: el pago debía hacerse, pero no podía hacerse desde Sevilla porque «no se le pueden pagar en estos momentos por falta de fondos». La solución era acudir al arca de Villamartín, donde se guardaba el dinero del Campo. El arca funcionaba como una caja de resistencia, un depósito rural que sostenía los pleitos en la Chancillería de Granada y los salarios de quienes los gestionaban.

          Dos años después, el 29 de agosto de 1514, el escribano Rodrigo de Navarrete certificó una escena casi idéntica.

          «Francisco de Torres, mayordomo de la villa de Villamartín, entregó a Fernando Alonso… 650 mrs. para un arca de tres llaves… También compró una cerradura… que costó 130 mrs.»

          La repetición del modelo —otra arca, tres llaves, cerradura nueva— indica que el sistema no era excepcional, sino estructural. La administración local dependía de estos cofres para guardar el dinero de las rentas, los arrendamientos y los pagos ordinarios.

          La cuenta final de gastos del mayordomo sumó 1.586 maravedíes, con las últimas dos partidas dedicadas precisamente al arca y su cerradura. Un recordatorio de que la gestión pública era, ante todo, una gestión material: madera, hierro, llaves, manos que abren y cierran.

          Estos documentos consultados muestran una administración que no se sostiene en abstracciones, sino en objetos concretos y en personas que los manipulan. El arca de tres llaves es símbolo y herramienta: Símbolo, porque representa la confianza compartida: tres llaves para evitar tentaciones, tres responsables para garantizar transparencia. Herramienta, porque es literalmente el lugar donde se guarda el dinero que sostiene pleitos, salarios, arrendamientos y decisiones del Concejo.

          La vida cotidiana de la administración pública en 1512–1514 era una coreografía de mayordomos, escribanos, contadores y vecinos que se reunían para abrir o cerrar un arca. Cada pago exigía presencia física, certificación escrita y la intervención de varias manos. No había burocracia sin madera ni justicia sin cerraduras.

          En los textos consultados, el arca de tres llaves no es un simple contenedor: es la frontera entre el orden y el caos. Cuando hay fondos, se abre para pagar salarios y pleitos; cuando no los hay, se convierte en un recordatorio de la fragilidad financiera del Concejo. Su coste —307 mrs. en 1512, 650 mrs. en 1514— es mínimo comparado con lo que custodia, pero enorme en términos simbólicos.

          La historia administrativa de Villamartín, vista desde las actas capitulares, es la historia de un pueblo que aprendió a proteger su dinero con madera, hierro y responsabilidad compartida. Un pueblo que entendió que la transparencia no era un concepto, sino un objeto con tres llaves.

 

(Comentarios de los documentos originales):

 

Sevilla, 12 de enero de 1512.

Notificación de Juan de Celada, lugarteniente del escribano mayor del Cabildo, a Diego Pérez de Carvajal, mayordomo sevillano, ordenándole, de parte del Cabildo, comprar, en presencia de los contadores, dos cerraduras con sus llaves y los materiales para fabricar un arca de tres llaves para el Concejo de Villamartín, donde deberá recogerse todo el dinero que Juan de Jaén, mayordomo del Campo de Matrera, cobre de la renta del Campo. En el mismo documento hay una anotación de 307 mrs., que posiblemente sea el coste del arca.

Sevilla, 2 de junio de 1512.

En esta fecha, el cabildo sevillano mandó entregar 30.000 mrs. a Ruy Pérez de Esquivel y al Consejo de Villamartín, del dinero depositado en el arca del dinero del Campo de Matrera, para que paguen a Francisco de Medina, solicitador de los pleitos en la Chancillería de Granada, que se le libraron en Diego Pérez de Carvajal, mayordomo de Sevilla, de los dos primeros tercios del año de su salario y para los gastos de los pleitos, pero que no se le pueden pagar en estos momentos por falta de fondos.

Sevilla, 29 de agosto de 1514.

Certificación dada por Rodrigo de Navarrete, escribano público y del Concejo de Villamartín, haciendo saber que en su presencia Francisco de Torres, mayordomo de la villa, entregó a Fernando Alonso, vecino de la misma, 650 mrs. para un arca de tres llaves en el que guardar el dinero que se obtiene de la renta del Campo de Matrera. También compró una cerradura para el arca con su llave que costó 130 mrs., certificando además el arrendamiento de ciertas tierras (1514, agosto, 29).

Cuenta de lo que Francisco de Torres pagó por los asuntos que se señalan, sumando un total de 1.586 mrs. Las últimas dos entradas corresponden al arca y a su cerradura.