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11 julio 2026

Historia nº 52.

La cédula que cambió el destino del

Campo de Matrera

          El 4 de agosto de 1511, en Sevilla, se registró un movimiento administrativo que, visto desde hoy, parece menor: un simple libramiento de pago. Sin embargo, detrás de esa anotación contable se esconde un episodio decisivo para la historia de Villamartín y para la gestión del Campo de Matrera, un territorio cuya importancia económica y estratégica marcó durante siglos la vida de la comarca.

          El Cabildo sevillano ordenó ese día que Fernando de Carvajal, mayordomo, entregara 2.000 maravedíes a Guillén de las Casas, uno de los veinticuatros de la ciudad. La razón del pago es reveladora: Guillén había necesitado diez días para desplazarse hasta Villamartín y pregonar públicamente una cédula de la reina. No era una cédula cualquiera. Era un mandato que anulaba el arrendamiento del Campo de Matrera y, además, devolvía a la Ciudad la licencia para disponer libremente de ese territorio.

          “...por 10 días que necesitó para ir a Villamartín y hacer pregonar la cédula de la reina que anuló el arrendamiento del Campo de Matrera y dio licencia a la ciudad para disponer del mismo.” Documento adjunto, 1511

          Este fragmento, escueto pero contundente, nos permite reconstruir un momento de tensión institucional y de reajuste de poderes. El Campo de Matrera, pieza clave en la economía ganadera y agrícola, había sido arrendado previamente, probablemente en condiciones que la Corona consideró inadecuadas, injustas o perjudiciales para los intereses municipales. La reina —muy probablemente Juana I, en un periodo en que la administración real era ejercida por regentes y oficiales— intervino directamente para revocar ese arrendamiento y restituir a Sevilla la capacidad de gestionar el territorio.

          El hecho de que Guillén de las Casas, miembro del gobierno municipal sevillano, dedicara diez días completos a esta misión nos habla de varias cosas:

  • La importancia del Campo de Matrera en la estructura económica de la región.
  • La necesidad de que la cédula fuese pregonada públicamente, siguiendo el protocolo legal que garantizaba su validez.
  • La relevancia de Villamartín como lugar de referencia para comunicar decisiones que afectaban a un territorio más amplio.

          En 1511, un viaje de diez días no era un trámite menor. Implicaba desplazamientos por caminos difíciles, gastos, hospedajes y la presencia física del representante municipal para asegurar que la orden real se cumplía sin ambigüedades. El pago de 2.000 maravedíes —una cantidad respetable— confirma que el Cabildo consideraba esta actuación como un servicio esencial.

          De la fotografía que acompaña a este artículo, podemos imaginar el momento: Guillén de las Casas, acompañado quizá por escribanos o alguaciles locales, reuniendo a los vecinos en la plaza o ante la iglesia, desplegando el pergamino sellado y leyendo en voz alta la decisión real. El pregón no era solo un acto administrativo; era una ceremonia pública que marcaba el fin de un contrato y el inicio de un nuevo periodo de gestión del Campo de Matrera.

          La cédula anulaba el arrendamiento previo —del que el documento no da detalles, pero cuya existencia basta para entender el conflicto— y devolvía a Sevilla la potestad sobre el territorio. Con ello, la Ciudad recuperaba la capacidad de decidir su explotación, sus rentas y su administración.

          Este documento, breve pero preciso, nos recuerda que la historia local se construye también desde estos gestos administrativos: pagos, viajes, pregones, cédulas. Cada uno de ellos es una pieza del engranaje que articulaba las relaciones entre la Corona, los municipios y las comunidades rurales.

          En 1511, Villamartín fue escenario de uno de esos momentos en que la autoridad real se hacía presente, en que la voz de la reina —transmitida por un veinticuatro sevillano— reorganizaba el uso de un territorio fundamental. El Campo de Matrera, tantas veces disputado, volvía a quedar bajo la gestión directa de Sevilla.

          Y todo ello quedó registrado en una línea contable: 2.000 maravedíes por diez días de viaje y un pregón que cambió el rumbo de un campo entero.


Copia del original

1511, agosto, 4. [Sevilla]

Libramiento del Cabildo a Fernando de Carvajal, mayordomo, para que pague a Guillén de las Casas, veinticuatro, 2.000 mrs. Por 10 días que necesitó para ir a Villamartín y hacer pregonar la cédula de la reina que anuló el arrendamiento del Campo de Matrera y dio licencia a la ciudad para disponer del mismo.»

 

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