El verano que faltó la nieve
Un
conflicto olvidado en el cabildo de 1766
En el archivo histórico de Villamartín se conserva un episodio tan curioso como revelador sobre la vida cotidiana del siglo XVIII: la batalla administrativa por el abasto de nieve. Sí, nieve. Ese producto que hoy asociamos al invierno era, en 1766, un recurso sanitario esencial para combatir fiebres, tercianas y otras dolencias que azotaban a la población durante los veranos más duros.
El
cabildo del 15 de julio de 1766
recoge con detalle la preocupación del síndico procurador general, don Juan Armario Sevillano, quien
elevó al Consejo una denuncia que llevaba tiempo gestándose: la villa sufría
una grave escasez de nieve porque Salvador
de los Santos, vecino de Ronda, tenía ajustado con la Real Hacienda el derecho del quinto y millón sobre su
venta durante la feria del 21 de septiembre. Este privilegio le permitía
monopolizar la venta de nieve y bebidas en esos días, obteniendo un lucro
considerable. El problema era que, fuera de la feria, no abastecía al pueblo, y nadie más quería hacerlo porque Salvador
exigía una cantidad excesiva por dicho derecho.
La
consecuencia era dramática: “...este común,
por la gran falta de este abasto de nieve, ha padecido gran conflicto y
necesidad y especialmente los miserables y pobres enfermos”.
El
médico titular, don Bartolomé de Rivera,
llevaba semanas interpelando al cabildo. Las tercianas “atabardilladas” caían
sobre la población con fuerza, y la nieve era considerada un remedio más eficaz
que muchas medicinas. Pero los enfermos pobres no podían costearla, y el
abastecimiento era inexistente.
Ante la urgencia, el síndico buscó una
solución alternativa. A través de Juan
Calvo, vecino de Arcos, contactó con otro abastecedor dispuesto a traer
nieve todo el verano, con
condiciones claras: precio de dos
cuartos la libra durante el verano, cuatro cuartos durante la feria, exclusividad en la venta de nieve
y bebidas durante la feria, pago del derecho del quinto y millón “en el tanto
en que lo tenga ajustado” Salvador de los Santos y garantía de que el cabildo
lo protegería “a paz y a salvo”.
El
nuevo abastecedor ofrecía comenzar en dos
días, asegurando suministro continuo. El cabildo, reconociendo la
veracidad de la exposición del síndico y la gravedad de la situación, aceptó la obligación de abasto y
agradeció públicamente su diligencia.
La
decisión se tomó por el bien común: “...por
este médico se asegura prontamente el remedio de los pobres enfermos y este
común logra el tener dicho abasto”.
Así,
Villamartín logró recuperar un recurso vital para su población, demostrando
cómo la administración local del Antiguo Régimen podía reaccionar con rapidez
cuando la salud pública estaba en juego.
Este
documento nos recuerda que la nieve, antes de ser un elemento cotidiano, fue un
bien estratégico, regulado, caro y esencial para la supervivencia. Y también
muestra cómo los monopolios y privilegios fiscales podían afectar directamente
a la vida de los vecinos.
Villamartín,
en aquel verano de 1766, no luchaba por un lujo: luchaba por un remedio. Y lo
hizo con la misma determinación con la que hoy defendemos nuestros servicios
públicos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.